Hay personas que llegan a nuestras vidas y de repente se van como el aire bajo nuestros brazos, y sufrimos por eso.
Pero hay otras, las cuales llegan a nosotros mucho antes de que sepamos de su existencia o incluso de la nuestra, que como ángeles están ahí para encaminarnos por el camino de la vida, mostrarnos esos secretos que solo se aprenden con los años, ser nuestros mayores confidentes y amigos, teniendo siempre una palabra de aliento y cariño para nosotros aun en los peores momentos, viviendo sus vidas como su fuesen las nuestras, cada caída, cada triunfo, cada tristeza y cada alegría. Pues nos acompañan desde que llegamos a este mundo, nos ven crecer, y ven como poco a poco nos vamos volviendo personas de bien, las cuales a pesar de haber crecido físicamente siempre seguirán siendo “niños” para ellos, esos niños que vieron empezar a caminar, a hablar, empezar a vivir, sintiendo por nosotros la muestra de amor más grande, más puro y más único que existente, pues nos reprenden cuando deben hacerlo y nos miman cuando más lo necesitamos incluso sin haberlo dicho, tomando un lugar en nuestras vidas que nada ni nadie puede llenar sino solo ellos por más que intenten o pretendan hacerlo y que cuando se van jamás puede volver a ser llenado y su partida aunque nos deja dolor nos recuerda que fueron reales, que los ángeles existen, que el amor verdadero si se puede experimentar y no es un mito, pero también nos hace saber que ese dolor no se volverá a ir, pues ese lugar seguirá vacío hasta el día en que nosotros también partamos. Pero aunque ese dolor no desaparezca, si se irá haciendo más pequeño con el tiempo hasta que en un punto se transformara en algo que nos ayudara a seguir adelante con nuestras vidas, para triunfar y tener éxito en lo que nos propongamos, pues eso es lo que ellos hubieran querido y esperado de nosotros porque quien mejor que ellos para conocer de que somos capaces? Y a medida que más pase el tiempo más tolerable se hará hasta que habrá un día no muy especial en que sin darnos cuenta se habrá vuelto en un dolor cálido y agradable que más que llorar nos hará sonreír al recordarlos pues con ellos recordaremos quienes fuimos alguna vez y quienes somos en ese momento, y sonreiremos porque nos habremos dado cuenta que cada palabra, cada consejo y cada explicación que nos dieron, fueron los que nos ayudaron para llegar a ese punto en el que nos encontremos. Y creo que toda esa sabiduría la única forma de adquirirla es a través de los años como hicieron ellos durante tanto tiempo y sin pensarlo o quererlo, habremos tomado su lugar y será momento de compartir toda esa sabiduría con alguien más, alguien para los cuales ahora nosotros seremos esos ángeles y sabremos cómo hacer ese trabajo pues tuvimos los mejores tutores y creo que esa será nuestra mayor alegría, hacerlos vivir una vez más a través de nosotros cuando demos algún consejo, caricia o palabra de aliento y ese vacío que había quedado en nosotros se habrá vuelto a llenar... tal vez.
jueves, 4 de diciembre de 2014
viernes, 17 de enero de 2014
The Curse Of The Lethal Kiss
Como puedo no quemarme cuando empiezo a jugar contigo al gato y al ratón. Intentando que seas tu quien se pierda con el rose de mis labios, aunque es inevitable que sea yo quien pierda en este juego cuando son los tuyos los chocan con los míos, quemándome desde el alma como si fuese un veneno letal el cual no tiene cura alguna complementándose con el efecto paralizante de tu mirada que me atraviesa directo al corazón como si fuesen un par de dagas que me roban el aliento y evitan que me libere de tu embrujo maldito.
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